Policía Llanos

Un año más el calendario muestra su peor cara y el número marcado en rojo llega puntual a su cita. Las merecidas vacaciones han entrado a formar parte del reino de los recuerdos, y la realidad cotidiana del trabajo vuelve a la vida con una fuerza inusitada en turno de mañana. Nada más llegar a la Jefatura me encuentro con mi compañera Llanos, quien tras darme entre las risas que adivino tras la mascarilla una rápida bienvenida, comienza a ponerme al día de las últimas novedades sobre el proceso de peatonalización del centro de la ciudad, mientras me lleva casi en volandas a estudiar todo el operativo policial que conlleva la llegada a nuestra ciudad de la Vuelta Ciclista a España.

Como Policía Local entiendo que tengo ante mí dos retos importantes para mi trabajo. Uno efímero, apenas un par de intensos días, que requieren un esfuerzo importante de coordinación previa con los responsables de la organización, de tal forma que  los cientos de personas y vehículos que pueblan y animan nuestras calles con la llegada de la serpiente multicolor, puedan realizar su trabajo de la forma más exitosa posible, como afortunadamente así sucedió. Y el otro, mucho más duradero en el tiempo, pero no menos exigente, que también precisa de una dosis extra de coordinación con los otros servicios municipales implicados en el proceso, de tal forma que la ciudadanía esté en todo momento lo mejor informada posible, ante la importante transformación que se avecina en la forma de entender la movilidad del centro de nuestra ciudad.

Llanos y yo hemos hablado mucho de este tema, y hemos coincidido en que las ciudades se crearon para disfrutarlas, bien seamos peatones, que lo somos todos, o bien conductores, que también lo somos, y muchos, con independencia del medio que usemos para transitar por ella. Ya sea a pie, en bicicleta, en transporte público, en moto, en vehículo a motor, o más recientemente en VMP, sin olvidarnos de aquellas otras personas que por motivos laborales han de recorrerla continuamente. Conjugar los intereses de unos y otros, a veces contrapuestos, sin ser tarea sencilla es alcanzable, si todos los que participamos de ese objetivo común ponemos de nuestra parte y pensamos en positivo. Los éxitos colectivos se disfrutan más si nos sentimos partícipes de ellos y los sentimos como nuestros.

Sé por experiencia propia, que los cambios nos producen urticaria y sarpullido por todo el cuerpo solo de pensar en ellos, pero también soy consciente, de que cuando tomamos cierta distancia, el mero transcurso del tiempo nos hace olvidar aquellos primeros y molestos picores y acabamos por disfrutar de la nueva situación y sacarle el mejor partido. Y con la peatonalización del centro de nuestra ciudad sucederá lo mismo, estoy convencido de ello. Son muchas las ciudades de nuestro entorno o de nuestro tamaño, que ya han pasado por un proceso similar y ninguna lo ha revertido. Al contrario, lo han implementado y ahora pueden disfrutar de unos itinerarios con menos concentración de CO2 y unos espacios más amables y propicios para la convivencia ciudadana.

Como policía local, al haber tenido la ocasión de dar mi parecer a los cambios propuestos y participar en la reordenación de los nuevos espacios, me siento conforme con la transformación en peatonal del eje que discurre desde Marqués de Molins, a partir del cruce con Tinte, hasta el final del Paseo de la Libertad tras su paso por la Plaza del Altozano, afectando también a las calles San Agustín, Martínez Villena, Salamanca o Muelle, que verán modificado su sentido. Como consecuencia de estos cambios, también se verán afectadas las paradas del autobús urbano, las áreas de aportación y las zonas de carga y descarga. Desaparecerán bolardos y bordillos y en su lugar dispondremos de una rasante única, mucho más accesible desde el punto de vista de la movilidad en general.

Eso no quita para saber que las próximas semanas serán más complicadas de lo habitual,  y que se nos harán eternas, y más, sin poder disfrutar de la Feria como hubiéramos querido y sin duda merecido, después de los duros meses de pandemia que afortunadamente vamos dejando atrás.

Todos sabemos que las obras son muy molestas siempre, aunque el resultado final sea el óptimo y el deseado. De ahí que sea necesaria una dosis extra de paciencia junto con la tostada del desayuno, sí tenemos la intención o la necesidad de adentrarnos en el centro o acceder al mismo para realizar cualquier gestión. Pero al igual que se nos antojan pesadas, también sabemos que son finitas, afortunadamente.

En estos primeros meses nuestra labor como policías locales será la de informar y ayudar a comprender los cambios, evitar situaciones de conflicto y estar especialmente atentos a todo lo que discurre a nuestro alrededor para que la transformación sea lo menos traumática y lo más efectiva posible.

No hay mejor forma de superar la adversidad y las dificultades, que apoyándonos unos a otros en un trabajo colectivo sin fisuras, tal y como hemos aprendido durante esta pandemia que aún nos tiene pellizcada el alma, que tantas vidas se ha cobrado y que tantos sinsabores nos está costando. Por ello, me atrevo a apelar, una vez más, a la conciencia y al esfuerzo colectivo, para saldar con éxito el escollo que supone acostumbrarnos a una nueva realidad, que sin duda será para bien.

Y recuerda que la Policía Local, como parte de este engranaje ciudadano, está y estará siempre atenta a atender cualquier sugerencia que nos puedas hacer llegar. No es solo nuestro trabajo, es también nuestra vocación.

 

Juan, Policía Local de Albacete.