Un año conviviendo con el virus.

Uno año conviviendo con virus

En los próximos días se cumplirá un año desde que el Presidente del Gobierno compareció ante todos los españoles para trasladarnos el acuerdo del Consejo de Ministros, por el que se declaraba en nuestro país el Estado de Alarma. Un mecanismo que recoge la Constitución y que yo mismo tuve la ocasión de estudiar cuando decidí presentarme a las oposiciones para formar parte de la plantilla de la policía local de Albacete, pero que nunca, ni en mis peores pesadillas, pude pensar que lo íbamos a sufrir en vivo y en directo durante un largo año.

Ha pasado el tiempo y aún recuerdo como si hubiera sucedido ayer mismo, las conversaciones casi en voz baja con los compañeros y con los mandos en la Jefatura. Porque lo cierto es que en aquellos primeros momentos no sabíamos bien que hacer, ni cómo actuar, por eso leíamos con avidez, y también con una buena dosis de  incertidumbre, el decreto publicado el día 14 de marzo. Por primera vez se impedía la libre movilidad de la ciudadanía por nuestros calles, se clausuraban las aulas y se cerraba prácticamente toda actividad que no fuera declarada esencial. Las instrucciones eran claras y así nos las trasladaron desde Jefatura, pero aún así nos costaba creer que eso estuviera pasando de verdad, tanto es así, que en aquellos días un compañero me comentó que había soñado en varias ocasiones que todo se trataba de un simulacro. Pero por desgracia era todo muy real. Demasiado.

Como policías locales, una parte de nuestro trabajo consiste en garantizar que la movilidad se realice en las mejores circunstancias, que peatones y conductores convivan en nuestras calles en paz y armonía, que los comerciantes de todo tipo y actividad puedan trabajar en las mejores condiciones posibles de seguridad, que nuestros niños y niñas puedan acceder a sus colegios con tranquilidad o que quienes deciden asistir a los grandes eventos deportivos y culturales, lo hagan de forma ordenada, rápida y ágil.

Ninguno de nosotros podía pensar que un diminuto ser microscópico fuera a ser capaz de acabar de la noche a la mañana con todo ello, pero así fue. Sin previo aviso las calles quedaron casi desiertas, los comercios bajaron la persiana, se apagaron las luces de los escaparates, los vehículos permanecían aparcados, las voces de los más pequeños dejaron de escucharse en los parques, columpios y toboganes quedaron rebajados de servicio, los mayores dejaron de dar largos paseos y la charla con los amigos quedó aplazada para mejor ocasión. La ciudad paso a respirar de forma lenta y apenas audible.

El miedo a ese enemigo invisible que segaba sin compasión la vida de demasiados hombres y mujeres de nuestro municipio, se apoderó de nuestra existencia y modificó de forma sustancial nuestra rutina de trabajo. Los días pasaban, la Semana Santa quedó atrás y hasta se suspendió la Feria. Poco a poco, afortunadamente las férreas directrices se fueron relajando al mismo ritmo que descendía el número de contagios, de ingresos hospitalarios y de fallecimientos.

En estos días repletos de recordatorios, como policía local no puedo dejar de reconocer con satisfacción el excelente comportamiento de la inmensa mayoría de los vecinos y vecinas de Albacete, que cumplieron con creces todas y cada una de las indicaciones que dictaban las autoridades sanitarias, porque solo desde la responsabilidad individual bien entendida, se puede conseguir que la colectividad quede protegida.

Desde estas líneas quiero agradecer el trabajo ingente de los hombres y mujeres que continuaron al pie del cañón durante todo ese tiempo, especialmente en las etapas más duras del confinamiento. Sin ellos, sin ellas, no hubiera sido posible seguir adelante. Vaya desde aquí mi más sentido agradecimiento con un nuevo aplauso, tan mudo como caluroso y sentido. Un reconocimiento que quiero hacer extensivo a todos mis compañeros y compañeras de la plantilla de la policía local de Albacete. Me gusta pensar que nuestro trabajo también sirvió y sirve para hacer más llevadera la vida de nuestros vecinos y vecinas, durante este año tan atípico que difícilmente olvidaremos.

Ahora que la esperanza viene vestida de vacuna, como policía sigo solicitando precaución. El virus aún no está derrotado y hay que seguir teniéndole el máximo respeto, se lo debemos a las más de ochocientas sesenta personas que nos han dejado de forma prematura durante el último año. Pero al igual que pido cautela, también ofrezco en nombre de mis compañeros y compañeras dedicación y perseverancia en nuestro quehacer diario, porque como servidores públicos que somos, esa es nuestra principal seña de identidad, y a ello nos debemos y dedicamos.

Así lo proclama nuestro himno cuando dice que “…el trabajo es vocación, cada paso es de amistad, tanto en la noche y en el día, ayudando a los demás…”

 

Juan, policía local de Albacete.