A continuación os presentamos un escrito anónimo sobre nosotros y nuestra Feria de Albacete:

Miro el cuadrante de turnos del mes de septiembre y se me encoge el corazón al comprobar que este año no tendré ocasión de acompañar a la Virgen de Los Llanos en su recorrido triunfal desde la punta del parque hasta la puerta de hierros del recinto ferial, donde el Alcalde, con un sencillo giro de llave proclama a los cuatro vientos que nuestra Feria se encuentra abierta de par en par a los miles y miles de albaceteños y albaceteñas que la visitamos y disfrutamos cada día, y también a cuantas personas de bien quieran gozar de nuestra compañía y hospitalidad.

A punto de comenzar el turno, escucho los comentarios de compañeros y compañeras y coincidimos, en que a pesar del esfuerzo que supone, estamos seguros que durante los próximos días echaremos de menos las largas y agotadoras jornadas de trabajo vistiendo con orgullo el uniforme de la policía local de Albacete, dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos, procurando que nuestros vecinos y vecinas disfruten con alegría y con las menores preocupaciones posibles de nuestros diez días de Feria, y que vienen a suponer una extensión del periodo estival que solo está a nuestro alcance y que nos hace sentirnos un tanto especiales ante los demás.

Sin ese paréntesis, el otoño se nos echará encima sin apenas darnos cuenta. La oscuridad de la noche irá ganando irremediablemente minutos a la luminosidad del día, sin que podamos refugiarnos en la contemplación de la colorista circunferencia luminosa que nos ofrece la noria, en los arcos que colorean y animan nuestras calles, buscando cobijo bajo la guirnalda de cientos de bombillas que se despliegan desde la cúspide del pincho y que parecen titilar de igual forma que los millones de estrellas que pueblan nuestra bóveda celeste o disfrutando de esa mezcla única que nos ofrece el olor a pólvora, música y luz del castillo de fuegos artificiales.

Durante los próximos días, ya sea durante los turnos de mañana, tarde o noche, todos estamos seguros que nos vendrán a la memoria cientos de recuerdos y anécdotas de Ferias anteriores y recodaremos con agrado el olor a algodón de azúcar, a maíz tostado, a chocolate con churros, a alegría, desenfado, participación y convivencia, por eso nos cuesta asumir que no tendremos ocasión de prestar miles de servicios de toda clase, de trabajar mientras la ciudadanía en su conjunto disfruta de la Feria en paz y en orden, de velar por su descanso y seguridad, que son nuestra seña de identidad y nuestra razón de ser como policías locales.

También estamos seguros que regresarán con mayor fuerza que nunca a nuestros ojos los miles de luciérnagas artificiales que prestan su color a la Feria, los olores que nos alegran el paseo, los sabores que nos trasladan a nuestra infancia y que podremos volver a abrazarnos con más emoción si cabe. Pero mientras estos pequeños placeres, que momentáneamente nos están vedados por nuestra propia seguridad vuelven a formar parte activa de nuestra cotidianeidad, no debemos caer en la tentación de perder respeto a ese visitante inesperado que nos ha robado la feria, que a muchos quebró la salud y que otros segó la vida antes de tiempo. Con ellos y ellas hemos contraído una deuda de respeto que a los demás nos corresponde saldar.

Solo con desde la solidaridad y complicidad de los unos con los otros, lograremos acorralar a ese enemigo invisible y conseguiremos que ese olor a Feria que ahora tanto añoramos, regrese con más solidez, con mayor sentimiento, con una dosis más elevada de emoción y pasión, mientras nosotros, tu policía local estará como siempre a tu servicio, contigo.